Fiel a mi.

Fiel a una misma, fiel a cada espacio que recorres con tu mente, con tus ojos; esos ojos marrón oscuro, casi negros en la noche, rasgados, con tonos de esperanza y que en ocasiones, sólo en ocasiones, se vuelven de un azul mar…de ese azul que se disipa cuando miras al frente, al horizonte y; que desaparecen en una décima de segundo.

Fiel a los recuerdos, a los buenos. A los que en algún momento de tu vida dibujaron una leve o gran sonrisa en tu rostro. A los que iluminaron esos hoyuelos que se te marcaban en la cara cuando sonreías. A los que mostraron el dulzor en tus ojos y la serenidad en tu forma de mirar.

Fiel a los pensamientos, a cada uno de ellos. Fiel a los pensamientos positivos, los que te engrandecen como persona, los que te muestran el mundo rodeado de flores, y de todos los colores…por mucho que otros ojos observen esas flores marchitadas y secas ante la gente.

Fiel a tus principios, aquellos que aprendiste sin darte cuenta y que hoy son la cima de tu triunfo. Los que persistieron cuando tu cuerpo se ahogaba en cien vasos de agua y apenas tenías segundos para respirar. Esos que te salvaron en la penumbra y en la soledad, y los que nunca olvidamos por continuar fieles a nosotros, fieles a nuestra esencia, la que nos hace diferentes ante los demás, la que nos enseña el camino de ida y si hace falta el de vuelta cuando, nuestras esperanzas las vemos relativamente lejos al fondo de un túnel sin salida, y no sólo eso, sino también sin regreso y sin luz.

Fiel a tu vida, a tu casa, a tu familia, a tus amigos, a tu luz, a tu risa, a tu alegría, a tu locura, a tu entusiasmo, a tu fuerza, a tus ganas de reír, de bailar, de saltar. Fiel a tus costumbres, a tus buenos pasos, a tu camino, a tu perseverancia, a tus ganas de crecer, de continuar, de alzarte y gritar, de sobreponerte y sobretodo; fiel a tu corazón, aquel que siempre siente y quiere lo mejor para ti, el que te dice desde tus adentros no te rindas, que tu vida la encaminas tú sin dejar que nada ni nadie te hunda, ni te haga dudar de cuales son tus…. prioridades.

Fiel a todo lo que soy, todo lo que veo en mi.

Resplandor en forma de caricias.

Ansias escondidas en un lugar infinito donde pretendemos encontrarnos al ras del sol. Dentro o fuera, que más da, dibuja una salida que se trace desde tu alma, hacia el exterior, atravesando tu corazón y miles de sentimientos enfrentados.

Inciertas ganas que recorren un interior sin un fundamento exacto, pensamientos que te atisban en cada momento, fríos y vacíos. Vacíos son los miedos que te atormentan por las noches en tus sueños más profundos e inquietos. Inquieta es la mente de quien no sabe controlarla, controlar emociones encontradas, que arañan por dentro como quien quiebra algo que quieres, algo valioso. Valioso es oír las agujas del reloj, donde el tiempo pasa ante nuestros ojos; luceros ahogados en recuerdos donde las minúsculas manecillas del reloj retroceden a una gran velocidad, velocidad que se frena en seco cuando una pared te impide continuar. Continuar frente a un destrozo, buscando en los escombros la pieza que arregle aquel reloj que te muestre lo que perdiste, o ganaste. Ganaste el no volver a arreglarlo, el construir uno nuevo que sirviese para contar los segundos que formen parte de un nuevo sol en tu supervivencia. Supervivencia reconstruida a base de calma, los sueños perdidos entre cenizas son las nuevas oportunidades para no desplomarse ante situaciones equívocas. Inequívoca es la vigilia que reconstruye almas descuidadas por falta de afecto. Afecto roto y reparado por dos manos ingeniosas, partidarias de ofrecer la luz perdida, distante. Fusionar luz propia con un destello abandonado, contribuyendo a formar un gran resplandor que curase la calamidad que persiste en un astro pequeño y frígido. Desasosiego disminuyendo. Claridad que surge ante el sacrificio, claridades que se proyectan ante la caricia. Caricias enriquecidas de ternura e inmenso esmero.

Tú ets la -llum-

Los túneles negros de nuestra vida en ocasiones duran más de lo esperado. Esperamos que esa oscuridad se disipe con cualquier tontería que nos pueda hacer al menos, un instante feliz. Después, no todo es lo que parece, el túnel negro no sólo se oscurece aún más, sino que, se hace cada vez más largo e inalcanzable.

Se piensa que los túneles sin luz, sin claridad; son una similitud a nuestro estado de ánimo, a nuestra vida.

El ánimo de una persona depende hoy en día de muchos factores. Factores muy importantes que nos dan esa energía para sobrellevar cualquier pequeño tropiezo. Luego, otros factores, no tan importantes, pero que a su vez complementan y le dan una sentido más profundo a nuestro interior.

Nos creemos que somos tan simples, que nos comparamos con un interruptor de apagado y encendido. Como una luz, eso es. Una luz que uno puede apagar y encender cuando quiere. Nos evadimos del miedo, de lo malo, de las malas vibras, de lo negativo, nosotros pretendemos controlar esa luz, para protegernos de las adversidades.

No nos damos cuenta que, en muchas ocasiones, no es tan fácil como apagar y encender nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestro corazón. En ocasiones, la luz propia de una persona no se controla, es incontrolable; puesto que, la vida de una persona se ilumina o se oscurece cuando menos te lo esperas, y es ahí, cuando tienes que hacer frente, y hacerte más fuerte.

La luz de cada uno forma una parte individual, tan profunda como puede ser un sentimiento, o como puede ser un corazón latiendo a tres mil por hora, como si pareciese que se va a salir del pecho. Nuestra luz nos caracteriza mucho más de lo que creemos, nos hace sentir especiales, diferentes a los demás.

Luz diferente, y que ilumina los caminos con distintos destellos, según la persona.

Una luz que probablemente la mayoría de la gente pierde cada dos por tres, cada vez somos más vulnerables al daño, a no encontrar lo que creemos que es bueno para nosotros, lo que nos haga realmente feliz.

Todo ello realmente no se piensa. Vivimos con ilusiones y con la alegría que día a día nos regala la vida. Soñamos con miles de cosas, con tener un futuro mejor, con conseguir lo que realmente queremos, y en sentir libertad.

¿Sabes cuándo nos damos cuenta de que esa luz existe y que no podemos poseerla ni controlarla?

Cuando te das cuenta de que estás en un momento de tu vida donde te sientes apagado, solo cuando estés rodeado de gente todos los días y en cada momento. Vivimos en multitud, nunca estamos solos realmente. Pero estamos solos de alma, porque esa luz, esa luz se pierde. Y no solo se pierde, sino que no la hemos encontrado verdaderamente.

Sentirse solo, apagado, como si nada importase. Tirarse horas, días, o meses tumbado en una cama, mirando al techo, mirando a la nada intentando encontrar una solución, pero sin pensarla.

Nos apagamos nosotros mismos ante el mundo.

La oscuridad no siempre es mala, ni tampoco es malo sentirse de vez en cuando apagado. No es malo sentir una pausa en tu interior, lo malo es hacer tuya esa oscuridad para no ver la luz.

Agradecidamente, la vida o el destino nos pone delante, en las narices; un destello de luz a lo lejos, quizás para que nos deslumbremos, quizás para que empecemos a tomar las cosas más enserio.

Ese destello consigue cambiar matices. El destello significa luz.

El túnel ya no es inmensamente oscuro, sin salida. Los destellos traspasan, consiguen crear algo diferente.

Así es como surge la luz en una persona, créala o traspasala. Ni cuando todo esté negro y pienses que estás solo decaigas en que el final del túnel nunca lo verás, quizás tenías la mirada nublada de tanto llorar. Si el sol te encuentra al final de la oscuridad cree que no todo está perdido, sea lo que sea, sea quien sea, te acaba de encontrar.

AMOVIDA.